La musiquilla patriota no pasará nunca de moda, siempre y cuando aun sigan quedando juegos bélicos en los que poder usarlas. No nos cansaremos jamás de escucharlas y ninguna desarrolladora se atreverá jamás a prescindir de ellas. Son parte imprescindible de todo juego bélico. Uno ya no se concibe sin el otro.
Pero lo importante de Call of Duty II no son estas cancioncillas harto conocidas. Sino todo el festival de sonidos que acompañan nuestra aventura por toda la WWII. La gracia del título reside en como consigue transportarnos a la acción, en el apartado anterior comentamos como los efectos gráficos conseguían llevarnos 6 décadas atrás. Parte de la culpa de este viaje en el tiempo, también la tiene todo el repertorio de efectos de sonido, el cual nos va a poner las pilas a la hora de hacer frente según qué situaciones.
Impresionante resultan encontrarte con una columna de acorazados Panzer. El crujir de sus orugas en el terreno, el estrepitoso sonido de su motor, el fatídico chirriar de la torreta al girar y finalmente el estruendo de la detonación que hace que todo se mueva y entonces sordera momentánea y de vuelta a la acción si es que aun no somos papilla. Este es uno de esos grandes momentos que se asocia al nombre del juego y que, irremediablemente, viene a la cabeza cada vez que alguien pronuncia dicho nombre. No será el único. Las ametralladoras disparando ensordecen a cualquier soldado, los aviones surcando el cielo, los obuses cayendo, etc. Call of Duty II Big Red One es un espectáculo para nuestro sistema auditivo. Además está totalmente doblado al castellano y las voces de nuestros compañeros nos sonarán de lo más familiares al cabo de tres partidas. Así da gusto.