En la primera parte de God of War dejamos a Kratos sentadito en su trono de Dios del Olimpo. Tras derrotar a Ares y darle muerte en una épica batalla, nuestro general espartano se erigió como sucesor del flameante Ares en el Olimpo de los Dioses.
El general espartano que vendió su alma al diablo para que le otorgara el poder necesario para derrotar a todos sus enemigos se reveló contra su señor y tomó su puesto. Un nuevo Dios de la Guerra había llegado, una nueva era se avecinaba. Esparta, su pueblo, dominaría Grecia gracias a la ayuda de un Dios y así sería durante un tiempo.
Pero aquí hay algo que no cuadra. ¿Qué hace Kratos sentado en su trono, viendo desde el Olimpo como se desarrolla toda la contienda? ¿Qué hace Kratos sin empuñar sus espadas? ¿Qué hace Kratos sin mancharse el rostro con la sangre de sus enemigos? El espartano es un hombre de acción. Nacido para la batalla y criado para no mostrar sentimiento alguno a la hora de destrozar al enemigo. No obstante, ahora está sentado. Mirando. Esa no es la naturaleza espartana.
Un Dios de la Guerra debe saber mantenerse al margen de las contiendas entre los simples mortales, debe medir, debe mandar y debe aguardar. Kratos no sabe hacer ninguna de estas cosas y su inquieto trasero no parece caber en el reposadero de su trono. Se mueve, se inquieta, le pide acción. Y así será que Kratos dejará su trono y marchará desde los cielos a Rodas para ayudar a su pueblo en la conquista de Grecia.
Si el Olimpo renegaba de Kratos como Dios ahora tiene la excusa perfecta para desterrarle, mejor dicho, destrozarle. Su único apoyo, Atenea. Pero su delito es muy grave. Ha intercedido en los haberes de los simples mortales y eso no tiene perdón. Ni la Diosa protectora puede ayudarle ahora.
De esta forma, Kratos pierde gran parte de sus poderes divinos y retorna a su forma humana. Los Dioses se la han jugado y ahora van a por él. No obstante, ni el Coloso de Rodas puede con tu poder, por muy humano que sea. Deberá bajar el propio Zeus para ajusticiarte y así lo hace.
Con la espada del Olimpo atraviesa su pecho. Kratos está muerto y como simple mortal desciende hacia el Hades. Pero esto no va a acabar aquí. Claro que no. ¡¡Ingenuos!! Ahora harán aparición unos enemigos del Olimpo mucho más viejos y malhumorados que Kratos. Los ancestros, los desterrados, los Titanes.
Gaya, la madre tierra, rescatará a Kratos en su descenso al inframundo. Aun hay una posibilidad de vengarse. El odio de Kratos, extenso ya de por sí, se ve multiplicado ahora por la traición de los Dioses. El Olimpo debe desaparecer, Zeus debe morir. La única oportunidad que le queda al espartano es dominar el tiempo y retornar justo al momento anterior a su muerte. El camino será largo y los enemigos se contaran por millares. Es hora de pasar a todos ellos a cuchillo.
Nos encontramos ante la continuación de uno de los Grandes de la casi extinta PS2. Esta secuela podría considerarse uno de los últimos grandes títulos que verán la luz para la que fuese el buque insignia de Sony durante los últimos años. Pasemos a analizar la nueva aventura del atormentado Kratos, un personaje repleto de carisma que supo ganarse el respeto del público mundial con su salvaje estilo de entender la existencia.